sábado, 18 de enero de 2014

tijereta y pan de ayer

En algún momento de aquel año, en el invierno, era domingo,
y en unos de esos  mandados de la mañana , me encontré con la mamá de Tomás, la cual siempre llamo mi atención ,su suave y clara voz, cosa que se repetía en su esposo e hijos, Tomas era, mas estridente en sus expresiones en la calle ,pero dentro del circulo familiar, solo se sentía la maquinaria carpintera, y el rasgado de las gubias,acompañadas del soplido,para limpiar la obra,
Ella al verme , me saluda , y me convida , a almorzar
con ellos, pues ,hoy" hay paella, a la valenciana," yo acepto,
e inmediatamente, fuí hasta mi casa, para avisar del convite
y le pido a mi padre una botella de vermut, como para no ir con las manos vacías, Ni Tomas ni Amalin , estaban , Tomás de mandados, y hoy Amalin,  almorzaba en casa de unos parientes,

Lo mas importante en toda familia de aquella época, era tener trabajo,para vivir sin perder peso, y a la vez guardar algún peso, o sea ahorrar dinero, eso era fundamental, mas para los Monzo, pues, su deseo era volver, a su patria , habiendo hecho la América,
Por supuesto, que los Monzó,en lo que se refiere a comida se daban su gusto,  y yo fui ese día, agasajado, Estaba sentado frente a Don Tomas, y la mesa, estaba presentada, con una picada, de fiambre y, queso, costumbre que solo  se hacia en las fiestas, cada trocito, tenía su palillo, Y comenzamos muy
por arriba, a charlar de política, en la cual nos enteramos que por aquella época nuestros padres, eran  de bandos distintos
Don Tomás hábilmente cambió la conversación , a temas mas triviales,  cuando justo llegó Tomasin. y apareció la paella, exquisito manjar para mi desconocido, ya que la combinación, de frutos del mar y pollo era nuevos

Lo mas destacable,al menos para mi, fue al aparecer doña
Amalia.con el postre, la sorpresa, era algo especial,  a lo que no estaba acostumbrado, y eso habla, del amor de esa mujer
y su abnegada entrega, Era solo fruta,, manzanas y naranja,
pero lo nunca visto, peladas, recortadas, en pequeños trozos y gajos, y en cada uno un palillo, que don Tomás, como si fuera de todos los días y viéndome, estasiado, solo me dijo:
¿no te apetece?.
 
 

claro que comí, pero nunca olvidaré, ese momento ya que lo normal era poner, la frutera en la mesa y que cada uno se sirviera,,, 
   Los papas de Tomás, me enseñaron ,que el mundo, y los humanos, nuevas costumbres ,y enfoques de la vida, y por sobre todo que , los humanos somos todos distintos, pero todos recorremos, el camino, hacia un mismo destino




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